ENTREVISTA ORIOL VILLAR POOL LA TRAICIÓN DE LAS ÚLTIMAS VECES

“Lo que se rompe casi nunca hace ruido”: Oriol Villar-Pool habla de La traición de las últimas veces

Entrevista a Oriol Villar-Pool sobre La traición de las últimas veces, su nuevo libro de relatos

Hay libros que no buscan deslumbrar desde la primera página, sino quedarse trabajando por dentro. La traición de las últimas veces, tercer libro de relatos de Oriol Villar-Pool, pertenece a esa clase de obras que avanzan en voz baja, sin grandes aspavientos, pero con una intensidad difícil de esquivar.

Después de El silencio de los locos y La incompatibilidad de las cosas, el autor vuelve al relato breve con un libro más depurado, más contenido y quizá más incómodo. Sus diez relatos —Colonia esperanza, La traición de las últimas veces, Doble o nada, Me temo que sí, Mi madre, fray Lucas y el doctor Ping, Desnuda junto a ti, El sexo en los tiempos alternos, Clamor, Melancolía delirante y Un lugar en el silencio— exploran pérdidas, vínculos deteriorados, deseos que ya no saben dónde colocarse, infancias heridas, silencios familiares y pequeñas formas de traición.

No se trata siempre de grandes traiciones. A veces basta con una omisión, una cobardía, una retirada, una palabra que no llegó a decirse.

Un libro sobre las últimas veces

Este es tu tercer libro de relatos. ¿Qué lugar ocupa La traición de las últimas veces dentro de tu trayectoria?

Creo que ocupa un lugar de madurez, o al menos de mayor conciencia. No sé si eso significa que sea un libro mejor que los anteriores, pero sí creo que está escrito desde una exigencia distinta.

En El silencio de los locos había una pulsión muy fuerte por contar. En La incompatibilidad de las cosas empecé a preocuparme más por la estructura, por el efecto final, por el modo en que una historia podía esconder otra debajo. En La traición de las últimas veces siento que he trabajado más con la contención.

Es un libro en el que he intentado no explicarlo todo. Confiar más en el silencio, en lo que queda fuera, en lo que el lector puede reconstruir.

“Casi nunca sabemos que algo ocurre por última vez.”

El título tiene mucha fuerza. ¿Qué significa para ti “la traición de las últimas veces”?

Tiene que ver con algo muy cotidiano y, al mismo tiempo, muy doloroso: casi nunca sabemos cuándo algo ocurre por última vez.

La última conversación con alguien. La última vez que entras en una casa. La última vez que deseas a una persona de una determinada manera. La última vez que eres niño sin saber que estás dejando de serlo.

La traición está ahí: en que la vida no suele avisar. No dice: “mira bien, porque esto no va a repetirse”. Simplemente ocurre, se retira, y solo después comprendemos que aquello ya no volverá.

¿Dirías que es un libro sobre la pérdida?

Sí, pero no solo sobre la pérdida entendida como muerte o desaparición. Me interesa mucho más la pérdida gradual. Esa que se produce mientras la vida continúa aparentemente igual.

Una pareja puede seguir sentada en la misma mesa y, sin embargo, haber perdido algo esencial. Una madre puede seguir estando en una casa y, aun así, no ofrecer refugio. Una comunidad puede conservar sus ritos y estar completamente vacía por dentro.

El libro habla de esas pérdidas que no siempre tienen nombre.

Los relatos y sus grietas

Colonia esperanza abría el libro. ¿Por qué querías empezar por ahí?

Porque me parecía una buena puerta de entrada al tono general del libro. El propio título contiene una tensión: “colonia” y “esperanza”. Algo que remite a lugar, comunidad, promesa, pero también a encierro o repetición.

Me interesaba empezar con un relato donde lo inquietante no apareciera de golpe, sino poco a poco. Como una mancha que se extiende. Ese tipo de entrada le dice al lector: aquí no vamos a gritar, pero conviene mirar bien. Pero opté por abrir con «Clamor» que creo que funciona mejor todavía.

“Una frase puede estar bien escrita y, aun así, sobrar.”

El relato que da título al libro parece funcionar como una declaración de intenciones.

Sí. Es quizá el relato que contiene de forma más directa la idea central del libro: la conciencia tardía de lo irreparable.

Pero no quería que fuese un manifiesto. Me interesaba que esa idea estuviera encarnada en una situación concreta, en personajes que no hablan de “las últimas veces”, pero las viven.

A veces el título de un libro no resume todos los relatos, sino que los ilumina desde un ángulo determinado. En este caso, creo que eso sucede.

Doble o nada introduce una idea de riesgo. ¿Te interesaba jugar con la tensión narrativa?

Sí, aunque no me interesaba solo el riesgo argumental. Me interesaba el riesgo íntimo.

“Doble o nada” sugiere apuesta, pérdida, posibilidad de ganarlo o perderlo todo. Pero en la vida casi nunca se pierde todo de golpe. A veces uno pierde algo pequeño, luego otra cosa, luego otra, hasta que se da cuenta de que aquello que estaba defendiendo ya no existe.

Ese tipo de tensión me interesa más que el golpe de efecto.

Me temo que sí tiene un título muy cotidiano, casi conversacional.

Me gustan los títulos que parecen una frase oída al pasar. “Me temo que sí” contiene aceptación, resignación y una forma discreta de derrota.

Es una expresión pequeña, pero muy cargada. No dice “sí” con entusiasmo. Dice “sí” como quien confirma algo que preferiría no confirmar.

Creo que ese tono resume bien una parte del libro: personajes que no descubren algo nuevo, sino que por fin se atreven a admitir lo que ya sabían.

“Me interesa la distancia dentro de la intimidad.”

Mi madre, fray Lucas y el doctor Ping parece introducir un registro más extraño, incluso humorístico.

Sí, pero me interesa mucho ese tipo de humor que no aligera del todo. Un humor que convive con algo incómodo.

El título tiene algo casi disparatado, como si prometiera una historia excéntrica o grotesca. Pero debajo puede haber una mirada hacia la familia, la autoridad, la superstición, la enfermedad, la culpa o la forma en que construimos relatos absurdos para soportar lo que no entendemos.

A veces el humor permite acercarse a zonas que, tratadas de forma solemne, resultarían demasiado pesadas.

Desnuda junto a ti parece uno de los relatos más delicados del conjunto.

Lo es. Y quizá por eso fue uno de los más difíciles de ajustar.

El peligro estaba en explicarlo demasiado o en empujarlo hacia lo sentimental. Para mí es un relato sobre la distancia dentro de la intimidad. Sobre estar cerca de alguien y notar, precisamente por esa cercanía, que algo se ha desplazado.

Me interesaba más el después que el deseo. O, mejor dicho, el deseo cuando ya no sabe si todavía pertenece al presente.

El sexo en los tiempos alternos parece abrir una vía distinta. ¿Qué lugar ocupa dentro del libro?

Creo que funciona como una variación más irónica, más conceptual quizá, sobre los mismos temas: el deseo, la posibilidad, las vidas que no vivimos, las versiones de nosotros mismos que pudieron existir.

El título juega con una idea casi especulativa, pero el fondo sigue siendo emocional. No me interesa la rareza por la rareza. Me interesa cuando una premisa extraña permite hablar de algo muy reconocible.

“La familia es uno de los lugares donde más se confunden el amor, la culpa y la deuda.”

Clamor tiene un aire más coral y simbólico.

Sí. En Clamor hay comunidad, rito, pueblo, muerte, rumor. Me interesaba trabajar con una atmósfera más colectiva, pero sin perder la precisión de lo concreto: las campanas, la plaza, los cuerpos, el silencio posterior.

El clamor no siempre es ruido. A veces es una presión. Algo que está en el aire y que todos perciben aunque nadie lo nombre.

Melancolía delirante trabaja mucho la casa como espacio mental.

La casa es casi un personaje. Me interesaba esa sensación de que un lugar puede seguir siendo físicamente el mismo y, sin embargo, haber cambiado por completo.

Cuando alguien desaparece, los objetos permanecen. Eso tiene algo cruel. La vajilla, las cortinas, las sillas, todo continúa. Pero ya no significa lo mismo.

Ahí aparece esa mezcla del título: melancolía y delirio. Dolor por lo perdido, pero también una percepción alterada de la realidad.

Un lugar en el silencio cierra el libro. ¿Por qué terminar con ese relato?

Porque devuelve el libro a una zona esencial. La infancia, la casa, la madre, el silencio.

Me parecía importante cerrar no con una explicación, sino con una imagen emocional. Un niño que no sabe nombrar lo que le ocurre, pero lo percibe. Eso me interesa mucho: la conciencia antes del lenguaje.

Quizá todo el libro habla, de algún modo, de eso. De cosas que todavía no sabemos decir.

“Recordar no siempre ilumina. A veces deforma.”

El silencio como materia narrativa

En muchos relatos hay una gran importancia de lo no dicho. ¿Es una decisión estética o ética?

Diría que ambas cosas.

Estética, porque literariamente me interesa más sugerir que explicar. Pero también ética, porque no creo que los personajes tengan siempre la obligación de entenderse a sí mismos. Las personas no funcionamos así.

Muchas veces actuamos desde zonas confusas. Sentimos algo, pero lo nombramos mal. O no lo nombramos. La literatura debería respetar también esa opacidad.

Has trabajado mucho la idea de recortar. ¿Escribir es quitar?

Para mí, cada vez más.

Antes pensaba que escribir era encontrar frases. Ahora creo que escribir es descubrir cuáles sobran. Hay una primera fase de impulso, claro. Pero después viene el trabajo real: eliminar, afinar, ajustar el peso de cada frase.

Una frase puede estar bien escrita y, aun así, sobrar. Esa es una de las cosas más difíciles de aceptar.

LA TRAICIÓN DE LAS ÚLTIMAS VECES Oriol Villar Pool

¿Cómo sabes que un relato está terminado?

No lo sé con absoluta seguridad. Creo que ningún escritor lo sabe del todo.

Pero hay una señal: cuando al quitar algo el texto pierde tensión o equilibrio. Mientras se pueda quitar una frase y el relato siga funcionando igual, probablemente esa frase no era necesaria.

También hay un momento en que seguir tocando el texto ya no lo mejora, solo lo modifica. Ahí conviene parar.

“El relato puede concentrarse en una fisura.
Y a veces una fisura dice más que una biografía completa.”

¿Te interesa más la emoción contenida que la emoción explícita?

Sí. La emoción explícita me interesa menos porque suele dejar menos espacio al lector.

Me gusta cuando una escena parece serena, incluso fría, pero debajo hay algo vibrando. Esa tensión entre superficie y fondo me parece muy literaria.

No quiero decirle al lector: “esto es triste”. Prefiero que llegue a esa tristeza sin que nadie se la señale.

Familia, deseo, culpa y memoria

La familia aparece de forma recurrente. ¿Qué te interesa de ese territorio?

La familia es uno de los lugares donde más se confunden el amor, la obligación, la culpa y la deuda.

No me interesa la familia como tema sociológico, sino como espacio de contradicción. Personas que se quieren y se dañan. Personas que conviven y no se conocen. Padres, madres, hijos o hermanos que cargan con frases no dichas durante años.

La familia es un escenario narrativo muy potente porque casi nadie entra en ella en igualdad de condiciones.

También hay muchas formas de amor deteriorado.

Sí. Me interesa el amor cuando ya no coincide con su imagen ideal.

El amor cansado, el amor que permanece por costumbre, el amor que se ha convertido en memoria, el deseo que sobrevive de forma incómoda, el afecto mezclado con resentimiento.

Creo que ahí hay más verdad que en las grandes declaraciones sentimentales.

¿Y la culpa? Parece estar muy presente.

La culpa aparece, pero no siempre de forma directa. Me interesa más como clima que como confesión.

Hay personajes que no dicen “soy culpable”, pero viven como si lo fueran. Otros quizá no han hecho nada terrible, pero sienten que han fallado en algo esencial.

La culpa literaria más interesante no siempre depende de un crimen o de una falta evidente. A veces nace de no haber estado, de no haber visto, de no haber sabido responder.

“Quiero escribir textos que parezcan sencillos,
pero que tengan algo debajo.”

¿Qué papel juega la memoria en el libro?

La memoria no aparece como archivo fiel, sino como una fuerza inestable.

Recordamos mal, recordamos tarde, recordamos desde lo que necesitamos creer. Y eso afecta a los relatos. Muchas veces el pasado no vuelve para aclarar nada, sino para complicarlo.

Me interesa esa idea: recordar no siempre ilumina. A veces deforma.

El relato breve y la mirada del autor

¿Por qué el relato? ¿Qué te sigue atrayendo de esta forma?

El relato tiene una intensidad particular. No admite demasiada grasa. Todo cuenta: el inicio, el ritmo, el punto de vista, la última frase, incluso lo que decides omitir.

Además, el relato permite entrar en una vida sin explicarla entera. Eso me gusta mucho. Una novela suele pedir un mundo más amplio. El relato puede concentrarse en una fisura.

Y a veces una fisura dice más que una biografía completa.

¿Sientes que estos relatos dialogan entre sí aunque sean independientes?

Sí. No hay continuidad argumental, pero sí una continuidad emocional.

Todos giran alrededor de pérdidas, silencios, vínculos dañados, deseos desplazados, pequeñas traiciones. Cada uno lo hace desde un ángulo distinto.

Me gusta pensar el libro como una habitación con varias puertas. Cada relato abre una, pero el aire que circula es el mismo.

¿Qué tipo de lector imaginas para este libro?

No pienso en un lector especializado. Me interesa un lector atento.

Alguien dispuesto a leer sin que se lo den todo explicado. Alguien que acepte quedarse un poco incómodo, que no necesite cerrar enseguida el sentido de una historia.

Creo que estos relatos piden una lectura tranquila. No lenta por obligación, sino atenta.

25. Después de tres libros de relatos, ¿hacia dónde crees que va tu escritura?

Me gustaría que fuera hacia una mayor precisión. Menos énfasis, menos explicación, menos deseo de demostrar.

Quiero escribir textos que parezcan sencillos, pero que tengan algo debajo. Eso es muy difícil. La sencillez verdadera exige mucho trabajo.

No sé si lo conseguiré, pero esa es la dirección: escribir cada vez con menos ruido.

Ahí está una de las virtudes del conjunto: los relatos no intentan explicar la vida de sus personajes, sino capturar el instante en que algo deja de sostenerse.

Lectura crítica: una escritura que confía en la grieta

La traición de las últimas veces confirma una línea de trabajo cada vez más reconocible en la narrativa breve de Oriol Villar-Pool: historias construidas desde la tensión interior, personajes enfrentados a formas discretas de pérdida y una escritura que busca contener antes que subrayar.
El libro no se apoya en grandes giros, sino en desplazamientos. Algo cambia en una casa, en una pareja, en una memoria, en un vínculo familiar. Y ese cambio no siempre se formula. A veces solo queda sugerido.
Ahí está una de las virtudes del conjunto: los relatos no intentan explicar la vida de sus personajes, sino capturar el instante en que algo deja de sostenerse.

Quienes quieran seguir explorando esta atmósfera de silencios, pérdidas íntimas y vínculos invisibles pueden leer otros artículos del blog dedicados al universo narrativo de Oriol Villar-Pool y acercarse a sus libros disponibles en Amazon.

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© «Entrevista a Oriol Villar-Pool sobre La traición de las últimas veces, su nuevo libro de relatos».

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